Cada hora más lejos de la concordia

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Como lo del domingo en Cataluña no iba de votar y el titular de los organizadores del desafío soberanista ya había sido escrito antes de que empezara la jornada, represión de Madrid e independencia, la solemnidad del procés ha llegado en vía ejecutiva, en boca del presidente del gobierno catalán, Carles Puigdemont: “Los ciudadanos de Cataluña nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente, que se constituya en forma de república. En consecuencia, el gobierno que presido trasladará durante los próximos días al Parlamento de Cataluña, la sede y la expresión de la soberanía de nuestro pueblo, los resultados de la jornada de hoy para que todo se desarrolle según está previsto en la ley de referéndum”.

“La victoria de la democracia”, de un “pueblo pacífico que quiere votar” por encima de la violencia”, también ha dicho Puigdemont.

El relato independentista también se está viralizando en el ámbito internacional, sobre todo en la cobertura informativa sobre la consulta realizada por importantes medios de comunicación, países que de repente, parece que están empezando a comprar, escandalizados, la inaceptable, se ha dicho, represión de Madrid, plasmada en la “violenta” actuación policial.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también está centrando sus mensajes en el tema de la represión de Madrid vinculada con la “desproporcionada” actuación policial y los cientos heridos que ha dejado (entre ellos, también centenares de agentes).

Desmontando el relato independentista

La constante apelación a la represión de ‘Madrid’ no es casual en un relato independentista que busca la legitimidad internacional del proceso secesionista mediante la promoción de la situación de Cataluña como si fuera una colonia o un pueblo sometido a la subyugación, ocupado a la fuerza por Madrid, una potencia invasora.

No obstante, es necesario aclarar, en primer lugar, que la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ha sido como resultado del precinto de las sedes electorales para impedir la consulta —suspendida por el Tribunal Constitucional— ordenado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que también avaló la coordinación de los Mossos a través de un alto cargo del Ministerio de Interior. Además, el despliegue especial de refuerzo de policías y guardia civiles, motivado por las “singulares necesidades” —explica El Español— de servicio que se están dando en la comunidad autónoma con razón del desafío soberanista, ha sido también legitimado por las, digamos dudas, de la policía autonómica catalana a la hora de hacer efectiva la prohibición judicial del referéndum ilegal.

En cualquier caso, parece que es evidente que la respuesta policial no puede utilizarse para legalizar una votación que finalmente sí se ha terminado celebrando aunque con importantes agujeros que atacan la validez de los resultados, como denuncias de votos duplicados, entre otras situaciones. Muy lejos de lo que sería un referéndum de ‘verdad’.

Bruselas ha diferenciado hoy claramente una cosa de la otra, al señalar el portavoz jefe de la Comisión de la Unión Europea, Margaritis Schinas, que la votación realizada en Cataluña “no fue legal“. Tras alimentar la vigencia del habitual mantra del “asunto interno”, ha reivindicado el “orden constitucional” español, antes de expresar la confianza del Ejecutivo comunitario en el “liderazgo” del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para “gestionar este complicado proceso con absoluto respeto a la Constitución española y a los derechos fundamentales de sus ciudadanos“. Además, una vez más, la Comisión Europea ha reiterado que la secesión de la comunidad autónoma catalana tras un referéndum permitido por la Constitución español supondría la salida de Cataluña de la Unión Europea.

No obstante, las palabras de Bruselas han ido en esta ocasión más allá del mero asunto interno al instar a “moverse, muy rápido, de la confrontación al diálogo” a “todos los actores relevantes“. Y, acto seguido, Margaritis Schinas ha señalado que “la violencia nunca puede ser instrumento en política“.

Por su parte, Mariano Rajoy, tras señalar que siempre ha ofrecido “diálogo honesto y sincero, dentro de la Ley y en el marco de la democracia“, anunció en la intervención institucional que hizo en la noche del ‘1-O’ su intención de “convocar a las fuerzas políticas con representación parlamentaria”, al objeto de iniciar el “restablecimiento de la normalidad institucional”, “desde la firmeza, la serenidad y la unidad, como siempre” y con el apoyo de los partidos que defienden “nuestros fundamentos constitucionales”. Con la misma rotundidad con la que respaldó la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el presidente del Gobierno reiteró la ilegalidad del referéndum, que valoró como un “el chantaje de unos pocos a toda una nación”.

A través de su cuenta oficial de Twitter, Mariano Rajoy está dando cuenta ya de los primeros encuentros.

Si el titular de la declaración unilateral de independencia como consecuencia de la publicitada ‘subyugación” de Cataluña por Madrid estaba ya escrito por los soberanistas, también lo estaba el reproche contra Mariano Rajoy, como la única fuerza actora y responsable de la situación, otra conclusión que tampoco parece neutral, ya que, como mínimo, no parecerá precisamente un disparate sopesar el papel del presidente del Gobierno con otros actores que han sido, y están siendo, también claves, entre ellos, y con especial entidad, el desempeñado por parte de los dirigentes políticos separatistas en su deriva anticonstitucional, y que culminará, según todas las apuestas, con una inminente declaración unilateral de independencia tras la celebración del referéndum ilegal.

¿Solo votar?

Pero es que Cataluña solo quería votar, y ha votado, y votar es justo de lo que va la democracia, otro de los mensajes que más se están escuchando en estos momentos por parte de los líderes soberanistas, pero también en boca de los ciudadanos que han participado en el referéndum ilegal.

Pues depende. Ya de antemano, y bajo la hipótesis de un referéndum legal independentista y celebrado con todas las garantías, parece sensato pedir que existan unas reglas, aunque no exista consenso sobre ellas, o cómo se aplican. ¿Quiénes votan?, si exclusivamente los que viven y trabajan en Cataluña, si tiene derecho a hacerlo toda España, en virtud de las normas constitucionales…

Una vez aclarado quiénes pueden votar, habrá que plantearse si efectivamente es posible votarse un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Bueno, en realidad, es más lógico que primero se decida lo segundo y después lo de quiénes. En realidad, se trata de hablar de qué se puede votar y qué no se puede votar. ¿Pero prohibir que algo se pueda votar no es un ataque contra la democracia? Si la respuesta es que no cabe ninguna prohibición, podrían utilizarse las consultas para recortarse libertades y derechos, una ruleta rusa, ya que un referéndum podría ser una coartada para, por ejemplo, deportar a grupos minoritarios. Por lo tanto, sería hablar sobre las leyes, los derechos humanos, los principios y valores universales de la democracia…

Qué se puede votar, quiénes pueden hacerlo y, otra tercera regla podría dar entrada a las denominadas mayorías cualificadas, consensuar mayores garantías para las materias más sensibles. ¿Se puede desconectar Cataluña de España con mitad de la población en contra de la independencia, hacerlo sería algo democrático?

Otra cuarta norma —sin ánimo de completar una lista exhaustiva, solo con la intención de refutar el mensaje de que votar y democracia van siempre juntos— es contemplar la posibilidad de que puedan existir otras normas, como puede ser que no se puede repetir la votación hasta que salga el resultado que más interese.

Cerca del punto de no retorno

En cualquier caso, el tren del desafío soberanista avanza a un ritmo cada vez más rápido, con la estación de la concordia cada hora más lejos, en una escalada de tensión que en cualquier momento puede superar el punto de no retorno. Como ha dicho Margaritis Schinas, es vital que la confrontación sea sustituida por el diálogo. La pregunta es si los independentistas catalanes están dispuestos a dejar sobre la mesa la inminente declaración de independencia.

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