Estrenamos esta nueva sección ‘LifeStyle‘ de SALAMANCA NEWS gracias al correo electrónico que hemos recibido de un remitente que se presenta como el gerente de una entidad bancaria africana. El supuesto banquero entra sin prolegómenos en el motivo de su mensaje: quiere transferir a nuestra cuenta bancaria cerca de 16 millones de dólares. Su objetivo, según explica, es invertir en nuestro país, de forma que él se quedaría con un 50 por ciento y nosotros con un apetitoso 40 por ciento —casi seis millones y medio—, ya que el buen hombre quiere destinar el 10 por ciento restante a ayudar a un “orfanato”.

Para recibir el dinero, sólo nos pide que le contestemos facilitándole nuestra dirección de correo “privada”, el nombre del país —¿pero no lo sabe?—, nuestra ocupación y número de teléfono.

Se trata de un fraude, nada menos que uno de los más famosos y antiguos de los que circulan por Internet, conocido como la estafa, o timo, nigeriana, también ‘419’, que es, al parecer, la sección penal de Nigeria que tipifica el ilícito. La versión digital de este engaño es la evolución del llamado ‘prisionero español’ que funcionó en el siglo XIX, cuando los timadores, que muchas veces ni siquiera eran españoles, se hacían pasar por presos para pedir, vía postal, ayuda a ciudadanos británicos, a los que engatusaban con promesas de elevadas recompensas económicas.

Una historia con multitud de comienzos, más o menos imaginativos y literarios, pero siempre con el mismo final, en el siglo XIX como ahora: quien termina soltando billetes es únicamente la víctima de la estafa, por mucho que el timador se haga pasar por el heredero de una fortuna millonaria, una mujer que ofrece una amistad inocente, un veterano americano de guerra, el responsable de los más variopintos concursos de lotería o un dulce” ingeniero viudo.

¿Cómo funciona la estafa?

El anzuelo para caer en la trampa es una elevada suma de dinero o bienes, aunque también pueden entrar en juego otra clase de necesidades vitales como el amor. Es una promesa que nunca se llegará a cumplir, aunque los estafadores enviarán toda clase de documentos, aparentemente oficiales, con el objetivo de engatusar a las posibles víctimas. Una vez establecido un vínculo de confianza, el timador lo aprovechará para pedir a la víctima dinero como anticipo. Por ejemplo, si la estafa nigeriana está relacionada con una herencia, el anticipo servirá para pagar los impuestos necesarios para poder acceder a la herencia. O, sea, que el estafador vende la moto de que es el dueño de un elevado patrimonio pero no tiene liquidez, esto es, no tiene dinero disponible a mano, de manera que pide ayuda a la víctima para solucionar este ‘pequeño’ problema.

¿Qué son 300 euros —o 1.000, 3.000 o 10.000— si se pueden convertir fácilmente en varios millones? Es lo que hace picar a las víctimas. En un primer momento, los estafadores piden una pequeña cantidad, para no despertar sospechas y cargarse el timo, pero después van exigiendo más y más dinero, con la excusa de que aparecen nuevos y repentinos problemas. Siguiendo el ejemplo puesto en el párrafo anterior, podría ser que hay que pagar un supuesto soborno a las autoridades del país para poder acceder a la herencia. Hay que tener en cuenta, además, que una vez pagada la primera cantidad, resultará más fácil obtener pagos posteriores, ya que la víctima entregará más dinero también para proteger y no perder lo que ya ha adelantado, que es la consecuencia que incluye la amenaza habitual si se amaga con plantarse y exigir la devolución de los pagos. Así, la estafa mete a la víctima en un círculo vicioso que únicamente podrá romper dejando de pagar y cesando todo contacto con los estafadores, pero sin destruir las pruebas del timo, como pueden ser, entre otras, los correos electrónicos intercambiados y los documentos recibidos, los números de teléfono y las cuentas bancarias, que hay que poner en conocimiento policial o judicial.

De 50.000 a 100.000 de media por persona es la cantidad estafada por las 31 personas que han sido recientemente detenidas por la Policía Nacional, “la mayoría de origen nigeriano, que formaban la banda más activa y preparada en España en el timo de las cartas nigerianas”, según la información publicada por EL PAÍS. El falso premio de lotería o la ficticia herencia fueron los engaños preferidos por la red criminal que logró perfeccionar el timo gracias a los “datos personales de los destinatarios en las redes sociales y en foros clandestinos”. 

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